Los servicios de limpieza de Villagalana trabajan con devoción toda la noche para que la ciudad amanezca impecable el día de su patrona, Nuestra Señora del Buen Socorro. Los funcionarios abonan silbando la pegadiza melodía del himno local los parterres, donde la primavera ya asoma los primeros brotes, y enjabonan con meticulosidad las aceras hasta devolver al granito un lustre institucional. Al alba todo está listo. Y, bajo un cielo de una pureza admirable, no queda rastro de la docena de indigentes comprimidos en el nuevo contenedor; solo un hilillo oscuro y cálido que serpentea hacia el sumidero.