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Confianza ciega


Imagen por IA de un rayo de luz que cede en beneficio de la fe

Primero empuja con el belfo. Luego con una pezuña. Insiste de nuevo, rezumando una espesa baba de paciencia, hasta que, al fin, la realidad cede. Su cabeza se vierte hacia el otro lado como cera derretida, deslizándose en un silencio absoluto. Siente la caricia fresca del acero ciñendo ojos y orejas, comprimiendo el cráneo en una línea de luz. Convencido de su propia fluidez, el camello entrega el resto de su cuerpo al vacío, con la certeza de que encontrará un mundo sin límites al otro lado del ojo de la aguja.

(Publicado en ENTC).


Animado (Microrrelato finalista 16ª semana Relatos en Cadena)

Finalista en Relatos en Cadena, Letras de azabache



Añoro ese sabor tan delicioso a perejil y a ajo bien picado de los guisos de mi madre. Por eso, cuando regreso a casa y está cocinando, revoloteo cerca de ella a ver si pillo algo. Disfruto apoyando la barbilla sobre su hombro para admirar cómo maneja el cuchillo. Sin embargo, ya no le gusta que le haga esas cosas. Ahora, en cuanto me acerco, se quita enseguida el delantal y le dice apenada a mi padre: «Ya está aquí otra vez la corriente de aire».



 

La vida en cromo

Anciana teniendo una ensoñación, La vida en cromo, Nuria Rozas

El jarrón carmesí que te regaló tu hijo estalla sobre la cómoda de caoba. Lo oyes justo cuando terminas el jersey diminuto, verde limón, improvisado al tuntún para el bebé. Has pasado la noche tejiendo en soledad, esperando la imagen que te mandarán entre los ramos de colores que les enviaste. Te quitas las gafas. Frotas los ojos y los sellas.

De pronto, la luz de la habitación, el carmesí y el verde se extinguen tras tus párpados. Solo queda la textura áspera de tus manos cruzadas en el regazo, mapa de venas y callos que heredaste de tu padre. Te evocan el humo denso y gris de la fábrica. Y al guapo aprendiz. Sonríes. Aún ves su bigote azabache meciéndose sobre el labio al verte pasar; el mismo que le temblequeaba al ser testigo del dolor, años después, en el desgarro del parto. No te queda una sombra de drama, no. La risotada de vuestro hijo aún tintinea en tu memoria, una nota alta y clara, grabada en clave de blanco y negro.

Hasta que vibra el móvil. El llanto de tu nuevo nieto rompe la ensoñación, reclamando su sitio en un vídeo a todo color.

(Relato sobre BLANCO Y NEGRO publicado en ENTC.)

La trascendente (Microrrelato mencionado en el concurso Esta Noche Te Cuento)

 

Humo de incendio en un bosque, La trascendente, Nuria Rozas

La observa desde la colina. Ella, terca, nunca se somete. Solo busca confrontación. Y encima ante el primogénito, que, débil aún, gimotea temblando contra su espalda para que la salve. Pero él le indica que no, es su momento, y arrastra al joven a sentarse a su lado. Que aprenda la lección.

Ella ignora la orden de huir dormitando entre el crepitar de la hojarasca. Con todos los músculos en tensión, al líder le satisface ver cómo persiste en su error. Sus labios se curvan en una fina línea de triunfo anticipando el final.

De pronto, tras un salvaje lamento, ella se incorpora en una trémula y patética silueta a contraluz. Después, repuesta y curiosa, acerca una rama seca al peligro caído del cielo. La mueve a un arbusto que, enseguida, entra en combustión. Luego la azota contra el suelo hasta acallarla e, hipnotizada, lo repite una y otra vez.

Y, ante la admiración del hijo común, él gruñe con los dientes al aire mientras ella, un tanto erguida, brama al cielo golpeando el pecho y alzando el tizón, intuyendo que sostiene el poder de cien de su eslabón con la mirada clavada en la colina.

(Relato publicado en ENTC, Tema: Serendipia) Relato MENCIONADO en el concurso.


Desadjetivados (Microrrelato Seleccionado en Esta Noche Te Cuento)


Labios de hombre y mujer acercándose para besarse, Desadjetivados, Nuria Rozas

Comenzar al abrigo de la luz de la luna a través de los visillos. Mirar la dedicación con la que él profundiza en mis recovecos. Temblar. Aumentar la sensibilidad al compás de la vergüenza. Estremecerme al ver cómo me besa cada centímetro de piel, con entrega, sin apenas parpadear. Cerrar los ojos un instante. Esconderme en mis adentros. Disfrutar del baile bajo las sábanas hasta alcanzar juntos el éxtasis. Mirarnos fijamente a los ojos. Sonreír y, al fin, disipar las sombras de las dudas entre los diecinueve y los cincuenta y tres.


(Publicado en ENTC. TEMA: Lo incorrecto). (Relato SELECCIONADO en el concurso).


@CaballeroHidalgo

Ilustración de María José Escudero, microrrelato @CaballeroHidalgo de Nuria Rozas
María José Escudero
En un lugar de las redes, de cuyo nombre no quiero acordarme, conocí a @DonDeLaPalabra. Aseguraba que se estaba perdiendo el cortejo. Que los hombres se estaban embruteciendo. Que llegaría el día que no se entendieran con las mujeres de bien y que estaba en peligro el futuro de nuestra civilización. Hablaba de zagales, bausanes, catervas. Me prendí de su bagaje cultural. Lo aprendí todo de él.  Desde entonces, lidiaba a su lado contra bichicomes inflados de testosterona. Y conocí a @SeñoritaPiparra, toda picardía y sensualidad. Sus citas picantonas acompañaban fotos de su cuerpo trabajado con sudor. Y para sudores los que yo padecía cuando los groseros mamelucos las comentaban. Entonces, armado de paciencia, me las veía con ellos para defender su honor. Hasta que, agotado por la desmesura de las hordas contra mi persona, contacté con ella con el mayor de los respetos. Le confesé que mi corazón le pertenecía, que no podía seguir publicando esas cosas. Debía pensar en mí. Me llamó fucking freaky y me dijo que no la stalkeara más. Después me bloqueó. Profundamente herido por no entender sus palabras, abrí otra cuenta y, ahora, sigo luchando por su honra hasta que descubra que me quiere.
 


(Relato publicado en ENTC).

Al son de la trenza (Microrrelato ganador en X, concurso #ARDulcesLetras)

 

Le embelesa el alma su perfume a mantequilla, nueces y almendras cuando baila con ella por primera vez. Por eso, no ve el momento en el que le quita con deleite el sugerente vestido que lleva de azúcar glas.


1° Premio #ARDulcesLetras de Radio Aragón y Pastelería Tolosana con el tema «Al son de la trenza» de la ilustración que acompaña a la entrada

***

Joooo, no sabéis qué mal y qué bien lo he pasado. Escribir un par de relatos en X en 20 minutos en directo. ¡Yo que me puedo tirar semanas!

Al final les gustó uno mío, pero, vamos, que también podría haber sido uno de @anaberna9, @Eowyn1001 o @supersalto1, que eran geniales.

Gracias, gracias, gracias a @Trenzaalmudevar y @aragonradio por el trato y por «mover mis mariposas» para que me crea que puedo volar de verdad.

❤️🌈

Gota a gota

Paloma Casado

Tras escuchar la mentira, una lágrima, densa como el mercurio, recorre la mejilla sonrosada lentamente, hasta quedar balanceándose en la barbilla. Desde allí, contempla los pequeños edificios abajo. Y el gentío que se acumula parece un hormiguero caótico. Se balancea. Hay un aire agradable que la refresca. Disfruta del momento. Observa el cielo como tantas veces que buscó respuestas. Pero hoy está nublado. Y las nubes pasan demasiado rápido. De pronto, otra lágrima de igual densidad recorre el mismo camino que la primera tras asomarse tímidamente por el lagrimal. Bailan juntas sobre el vacío. Pendulan armónicas a ritmo del latir. Hasta que el rugido del tráfico las devuelve a la realidad.


(Relato publicado en ENTC.)
 

Un menú especial

 

Como cada domingo, contemplo con cierta envidia el cuidado con el que Manuel asienta a don Manolo y luego se acomoda a su lado en la mesa del rincón. Yo acudo enseguida con la carta. Aunque sé bien que Manuel la rechazará con un gesto y me pedirá el Menú especial con un guiño. También sé que don Manolo mirará orgulloso al hijo. Su Menú especial no es el de los demás, solo son huevos con patatas y chorizos. Todo frito y brillante. Tan brillante como el halo que envuelve de manera deliciosa cada domingo a esa mesa del rincón.

(Relato 86, publicado en ENTC, con tema «UN MENÚ ESPECIAL»).

El protegido


Desde que el padre falleció, a Keko su madre solo le deja ver programas infantiles, «para protegerlo», le explica ella siempre. Y, aunque él no entiende lo que le quiere decir con eso, no le importa, le encantan los dibujos, sobre todo los de unos muñecos que surfean las estrellas en un cajón.


Esa noche el niño sueña con el padre y se despierta con una enorme sonrisa de madrugada. Después, todo sucede demasiado rápido. 


Keko se pone el casco se asienta en una caja del trastero se lanza por las escaleras y sale volando por la puerta ya abierta de entrada, rumbo al cielo donde está su padre, justo al tiempo que pasa un camión. 


(Publicado en ENTC. Tema: escaleras).