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Rechupeteando el verano


Imagen IA de un niño señalando alegre un coche ante el abuelo

—¡Ya están aquí, agüelito! —grita viendo el brillo de los faros serpenteando la subida. 

En la cocina, el olor a boroña recién sacada del horno y a cocido montañés lo inunda todo. Su abuela siempre dice que, para que alguien quiera volver, hay que atarlo por el estómago.

—Si traen hambre de ciudad, aquí se les quita la tontería con dos cucharas de compango —ríe el abuelo, ajustándose la boina.

Cuando el coche para, bajan los primos, pálidos como la borrina. Pero es meter el primer trozuco de chorizo en la boca y recuperar el color de las manzanas coloradas.

(2º Premio I Primer Certamen de Microrrelatos San Vicente del Monte, Nº14)

Sin sombra

Foto propia
Aunque no lo parezca, se santigua con la mano derecha fantasma mientras el puño izquierdo esconde un mechero. A su vez, el ojo derecho fantasma mira al frente con seguridad. Sin embargo, el izquierdo titila indeciso. Entonces el corazón remueve los fantasmas de los anhelos que le llevan tiempo acechando; y el cerebro, que suele decidir en estos casos, hoy se queda en blanco, bajo la luz abrumadora del sol del mediodía.

Y, petrificado en el centro de la terraza más popular, el joven inapreciable contempla cómo otro muchacho ofrece fuego a la bella Marieta, que rebusca en el bolso por enésima vez.







(Relato finalista en el concurso Anonimous propuesto en ENTC. Tema: "cuidado con los miedos, les encanta robar sueños". Condiciones: relato que empiece por la letra A y acabe por la Z y límite de 111 palabras).

Últimas voluntades


Nuria Rozas
Se escucha ese «pi» infinito, tan irracional, mientras ella se inclina sobre mí, acercando sus labios a los míos. Su mirada me provoca un deseo irrefrenable. Arrebatado, le arranco la blusa y hundo la cara entre sus generosos pechos. Enseguida siento el cosquilleo en la entrepierna y sonrío tanto que parezco una caricatura de lo que un día fui. Sin embargo, a pesar de mi lucha, ese fastidioso «pi» logra despertarme. A mi lado, mi dedicada esposa dormita en una silla, con la frente apoyada en su inseparable bastón. Y yo cierro los ojos con fuerza otra vez.




Finalista semanal de la semana 9 (16/11/2020) de la XIV Edicición de Relatos en Cadena


Fabulosas aventuras

Foto de la red
Metió en un macuto lo imprescindible para su viaje y navegó por bravos océanos en el velero, del que también disfrutó su difunto padre, hasta tierras lejanas. Luchó a muerte contra gigantes de numerosos brazos y se escondió con destreza de la bola de fuego que le perseguía insistente. Pero a las cinco en punto, cada tarde de aquel verano, ya no impedía que el sol le acariciara en su regreso; con un alegre gesto se despedía de los árboles y sorteaba, de un salto, el charco que se formaba en el jardín, velero en mano, justo delante de la entrada de la casa de la abuelita, que lo llamaba a voz en grito para merendar.


Relato finalista en Zenda