Translate

Mostrando entradas con la etiqueta #Seleccionado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta #Seleccionado. Mostrar todas las entradas

Orden público



Operarios municipales limpiando las calles de Villagalana para mantener el orden, Imagen IA, Nuria Rozas
Los servicios de limpieza de Villagalana trabajan con devoción toda la noche para que la ciudad amanezca impecable el día de su patrona, Nuestra Señora del Buen Socorro. Los funcionarios abonan silbando la pegadiza melodía del himno local los parterres, donde la primavera ya asoma los primeros brotes, y enjabonan con meticulosidad las aceras hasta devolver al granito un lustre institucional. Al alba todo está listo. Y, bajo un cielo de una pureza admirable, no queda rastro de la docena de indigentes comprimidos en el nuevo contenedor; solo un hilillo oscuro y cálido que serpentea hacia el sumidero.

Confianza ciega


Imagen por IA de un rayo de luz que cede en beneficio de la fe

Primero empuja con el belfo. Luego con una pezuña. Insiste de nuevo, rezumando una espesa baba de paciencia, hasta que, al fin, la realidad cede. Su cabeza se vierte hacia el otro lado como cera derretida, deslizándose en un silencio absoluto. Siente la caricia fresca del acero ciñendo ojos y orejas, comprimiendo el cráneo en una línea de luz. Convencido de su propia fluidez, el camello entrega el resto de su cuerpo al vacío, con la certeza de que encontrará un mundo sin límites al otro lado del ojo de la aguja.

(Relato Seleccionado en Esta Noche Te Cuento)


Desadjetivados


Labios de hombre y mujer acercándose para besarse, Desadjetivados, Nuria Rozas

Comenzar al abrigo de la luz de la luna a través de los visillos. Mirar la dedicación con la que él profundiza en mis recovecos. Temblar. Aumentar la sensibilidad al compás de la vergüenza. Estremecerme al ver cómo me besa cada centímetro de piel, con entrega, sin apenas parpadear. Cerrar los ojos un instante. Esconderme en mis adentros. Disfrutar del baile bajo las sábanas hasta alcanzar juntos el éxtasis. Mirarnos fijamente a los ojos. Sonreír y, al fin, disipar las sombras de las dudas entre los diecinueve y los cincuenta y tres.


Desvelo

Foto de pxhere.com 
Cierras los ojos antes de alcanzar el orgasmo. Quizá los músculos en tensión de los brazos del joven Fernando cuando está sobre ti o, tal vez, las caricias de Marcelo entre tus piernas ocupan tu mente en este instante. Aún así, tu esposo, conocedor de tus encuentros furtivos, se sigue esforzando en buscar tu mirada en vano, complaciéndote con dedicación. 

    Pero llega el día en el que te despiertas encendida de madrugada. Él recorre tus pechos con su lengua cálida mientras tu cuerpo se vuelve pasión. Te posee con la fogosidad de una primera vez que se hace esperar. Te vuelve loca de amor. Y, esa noche, con las pupilas dilatadas en la penumbra titilante, sí que buscas la complicidad en sus ojos mientras alcanzas el clímax, aunque tan solo te encuentras con sus párpados sellados.

(Publicado en ENTC) (Seleccionado)