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Delicatessen

—Lo sé, soy un nostálgico —le susurró el príncipe a la princesa mientras le guiñaba un ojo.
Entretanto, ella miraba, con angustia, a los comensales de ambos lados de la mesa, y pedía al cielo que nadie hubiera visto a su marido atrapar a la fastidiosa mosquita con su lengua veloz.


Foto de todos los finalistas. (Ganadora María Gil)


(Programa entero aquí).
(Momento de la elección aquí).

Relato 2º finalista de la 12ª edición de "Relatos en cadena" de la Cadena Ser.

Prueba número dos

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Crea unos cuantos peces diferentes de los conocidos hasta ahora, de distintos tamaños y colores, y les añade un estómago que les permita digerir el plástico y algo de inteligencia, para que la desarrollen como quieran; supone que unos lo harán más y otros menos pero espera que esto ayude a que la mayoría no se dedique, en un futuro próximo, a abrir y cerrar la boca como única actividad además de comer. Por último y no menos importante, les pone unos pulmones, además de las branquias, para que escojan dónde quieren pasar el tiempo. Una vez terminados los contempla con satisfacción, tiene el convencimiento de que no se equivoca si, esta vez, apuesta por los peces como en su día lo hizo por los monos.

(Seleccionado para formar parte del libro recopilatorio del I Concurso de microrrelatos 'CÍRCULO CREATIVO' de la Fundación Cajacírculo.)

El cielo puede esperar

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Su cuerpo volátil avanza por el túnel sin ni siquiera proponérselo, absorbido por una fuerza poderosa. Al final del trayecto, una luz blanca le envuelve. Con un pequeño vistazo, ratifica que allí solo están la luz blanca y él. No esperaba que ese momento fuera a ser tan anodino, sin pompa ni música celestial. Tras un buen rato a solas, desconcertado, tose un poquito para ver si acude alguien y, por fin, aparece un hombre de semblante sereno con un largo papel en la mano y respira tranquilo. Pero el hombre le reclama, si quiere pasar, una enorme factura por haber disfrutado de la luz blanca. Perplejo, se enzarza en una acalorada discusión hasta que, abruptamente, unas bofetadas de cierta intensidad le sacan de la dichosa luz y, acto seguido, del túnel.
Se encuentra tumbado en el suelo de la calle. Un montón de gente le rodea y alaba que aún esté vivo tras el atropello pero él, consciente de que se abalanzó sobre el coche, maldice al cielo por vomitarle de nuevo en una vida sin blanca.



(Relato publicado en ENTC. La condición es que la historia gire en torno al color blanco.)

Volver a empezar

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«Quizá ocurra mañana», se dijo tras unos minutos con el corazón encogido, arropada por la intimidad. Sentada en el inodoro consiguió calmarse. Con una toallita se secó las lágrimas, luego se retocó el maquillaje y salió del baño resplandeciente, como si nada, para acercarse a su marido juguetona, dispuesta a volver a intentarlo. Hasta que la segunda línea se marque. Y así una y otra vez.





(Relato publicado en ENTC, número 52.  Frase de inicio: Quizá ocurra mañana. Frase final: y así una y otra vez.)

Inolvidable

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Nunca olvidó a la mujer pelirroja que se sentó en la mesa del rincón para disfrutar sola del vermú. Tras darle un sorbo, se quitó un guante, muy despacio, perturbadoramente sensual. Después cogió un pincho del platito, con su delicada mano desnuda, y lo sostuvo una milésima de segundo entre sus dientes, antes de envolverlo con su jugosa lengua e introducirlo de una vez. El bocado perfecto de guindilla, anchoa y aceituna desaparecía así ante la mirada de soslayo de todos, incluido él mismo, que no pudo evitar preguntarle su nombre para bautizar a aquel picante aperitivo.



(Relato publicado en ENTC.)

María

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Se quita la ropa y sale desnuda a la pradera. Desde que vive en aquel recóndito lugar lo hace cada día. Camina por la hierba, despacio, con la sensación de fundirse con ella, mientras el suave sol matinal acaricia su piel sensible. Abre los brazos e inspira profundamente. Por fin las flores dan señales de vida y así tendrá la ayuda que necesita para soportar la suya, esa a la que se va a enfrentar con una sonrisa y algo más de apetito.


(Relato publicado en ENTC. En esta ocasión la inspiración era el color verde).

Mamirijilla

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Mi madre de cuando era niño no tuvo hijos. Se encargaba de la limpieza y la cocina del orfanato donde pasé mis primeros años, un lugar bastante tétrico donde las muestras de cariño no solían traer nada bueno hasta que la encontré. Era justo como siempre la había soñado, tipo Julie Andrews en
Sonrisas y lágrimas. Trabajaba duro, ninguneada por los jesuitas y con horarios imposibles, pero siempre tenía tiempo para consolarme y darme algún mimo que otro. Como aquel día que conseguí zafarme de uno de los padres y corría como un loco por el largo pasillo hasta que me choqué con ella, ya sin aire en los pulmones; me abrazó y me enjugó las lágrimas con su mandil. O como todas las noches que se colaba sigilosa en el colegio para arroparme en el lúgubre cuarto, porque sabía que tenía miedo a la oscuridad, y me daba un beso para que durmiera mejor.

Como ahora que, a veces, aún regresa para arroparme en mi realidad.

Técnicas de respiración

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Había cambiado la forma de respirar. Se concentraba en coger aire profundamente por la nariz y, para ello, alzaba el vientre y dejaba el pecho quieto. Muy despacio. Aguantaba el aire diez segundos, como les decía la profesora en clase, y luego, lo soltaba por la boca. Muuuy suave. Hasta quedar vacía. Sin meter ruido. Una vez. Dos. Tres… No dejaba de temblar pero, al menos, conseguía apartar de su mente la idea de que él pudiera encontrarla, en el rincón que aclimatamos días antes para que se escondiera en caso necesario, tras un armario, porque sabíamos que volvería.



(Relato mencionado en ENTC. Frase de inicio: Había cambiado la forma
. Frase final: sabíamos que volvería. Número 15.)

Inocente

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Aquel deshollinador tan sonriente y cantarín les parecía de lo más repelente, algo inaceptable como causa de despido, así que aprovecharon para echarlo en cuanto varios propietarios lo acusaron de tejas caídas. Él, por su parte, puso un pleito a la comunidad con un abogado famoso por su arte en conciliar y en conseguir siempre las pruebas necesarias, como la videograbación de ese mismo día en la que se podía ver una camisa tras otra desprenderse de los tendales para bailar entre hojarasca, lo que señalaba al viento como autor de los hechos. Suerte que a la estrafalaria niñera de uno de los estirados vecinos le había parecido tan graciosa la imagen como para grabarla, y suerte que llevaba de todo en su bolso, incluso un paraguas mágico capaz de manipular la fecha de la grabación.

(Relato seleccionado en el mes de febrero en el concurso de microrrelatos de Abogacía Española. Palabras a incluir: pleito, comunidad, viento, camisa, conciliar.)

Preocupación de madre

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Les obligaba a llevar una alimentación equilibrada. Para ello, era im-pres-cin-di-ble una dieta en la que se incluyera la presencia de todos los grupos, “para que no tuvieran ningún tipo de carencia”, les decía. El mayor hacía caso e incluso ya se alimentaba solo a veces; el problema se lo daba el otro, que le traía por la calle de la amargura. En el día a día conseguía que ambos comieran, aunque fuera a regañadientes, pero la dedicada madre vivía intranquila por la falta de un grupo, y se afanaba en buscar un sabor más agradable en otra especie que les pudiera aportar ese 0+, sobre todo al pequeño mal comedor.

(Relato publicado en ENTC. Esta vez la inspiración había que buscarla en el color rojo).