Translate
Un menú especial
El protegido
![]() |
Desde que el padre falleció, a Keko su madre solo le deja ver programas infantiles, «para protegerlo», le explica ella siempre. Y, aunque él no entiende lo que le quiere decir con eso, no le importa, le encantan los dibujos, sobre todo los de unos muñecos que surfean las estrellas en un cajón.
Esa noche el niño sueña con el padre y se despierta con una enorme sonrisa de madrugada. Después, todo sucede demasiado rápido.
Keko se pone el casco se asienta en una caja del trastero se lanza por las escaleras y sale volando por la puerta ya abierta de entrada, rumbo al cielo donde está su padre, justo al tiempo que pasa un camión.
(Publicado en ENTC. Tema: escaleras).
El flechazo
![]() |
En aquel lugar, el que hacía blanco se quedaba con el sitio si los otros no querían llevarlas.
Tito disimulaba el temblor de piernas cubriéndose con la chupa tres tallas más (que ya se había quitado en previsión de llegar a las manos) y rezaba para que sus colegas llegaran por fin mientras seguía acumulando flemas en la garganta.
El tiempo se detuvo como en un duelo de una de vaqueros.
De pronto el Pelirrojo escupió y dio de lleno en la mejilla del Bicho.
Nadie se movió, sólo hubo un cruce de miradas. Después todos se retiraron. Pero Keko pateaba a Tito, presa de una furia incontenible tras sentir algo raro en el estómago por primera vez.
(Relato publicado en ENTC)
Éxtasis
![]() |
Llega al depósito municipal contoneándose ligeramente hasta la ventanilla, tampoco quiere pasarse. Al verla, Antonio, el encargado, se pone de pie tras el mostrador y se recoloca el paquete. Al fin ella entra en razón y él no tendrá que sobornar más a los agentes para hacerla ir hasta allí.
De pronto, afuera, el Mercedes de Antonio explota y salta por los aires y unos gritan y otros se tiran por los suelos. Sin embargo, absorta con la belleza del espectáculo, ella está a punto de aplaudir. Pero apretar el detonador escondido en el bolso ya le provoca suficiente placer.
(Publicado en ENTC.)
Ayuda
Un extraño artefacto cruza el cielo a toda velocidad hasta estrellarse en la plaza de Galicia. Lo han visto desde todos los municipios de alrededor. Por eso, lugareños y vecinos acuden en su busca armados con hoces, picos y palas. Enseguida el griterío retumba en Arzúa. Pero allí sólo hallan un enorme agujero y restos de metales. Por suerte no hay heridos y, tras las pesquisas que duran varias semanas, concluyen que es algo raro del gobierno. Nunca lo sabrán.
Entretanto, escondidos en unos niños y unos becerros que se encontraron, los cuatro marcianos petrificados se afanan en contactar con el espacio exterior.
(Relato publicado en ENTC.)
El instante
Las aventuras de Tom Sawyer, leo con dificultad en las tapas del viejo libro. No sé bien qué decir. Yo lo que quería para mi décimo cumpleaños era una Barbie. O dinero para comprarla. O una Barbie y dinero para comprarle vestidos. De pronto, mi madre, que siempre parece que lee lo que pienso, me empuja para que le dé un beso al abuelo. Sí, ya sé que ella siempre me explica que él no sabe nada de caprichos de niña, que ya está mayor. Aunque aún es ágil para atrapar el beso que le doy en la mejilla poniendo la mano sobre él. Luego se lo lleva al corazón. Eso siempre me hace reír. Desgraciadamente, como por arte de alguna magia más caprichosa que mis propios deseos, el abuelo se difumina como niebla fugaz en mi pupila infantil; y quince densos lustros se asientan sobre mis hombros, mientras todavía sostengo el preciado libro entre las manos.
(Relato presentado en el concurso ENTC).
Dulce final
Sin sombra
![]() |
| Foto propia |
Y, petrificado en el centro de la terraza más popular, el joven inapreciable contempla cómo otro muchacho ofrece fuego a la bella Marieta, que rebusca en el bolso por enésima vez.
(Relato finalista en el concurso Anonimous propuesto en ENTC. Tema: "cuidado con los miedos, les encanta robar sueños". Condiciones: relato que empiece por la letra A y acabe por la Z y límite de 111 palabras).
Apagón
El guardián de los cielos no debe dormirse apoltronado en la Osa Mayor, ya que ha de mantener iluminadas las candelas de los caminos celestiales. Él guía a las estrellas errantes soltando grandes carcajadas, embriagado por el polvo que pierden al pasar. Así ellas no deambulan al tuntún, llenando los cielos de susurros de anhelos de aquí para allá. Además, el guardián las protege con empeño, alejando de su trayectoria a planetas inapreciables, asteroides impredecibles y agujeros negros con las vibraciones de sus risotadas. Por eso, cada estrella encuentra siempre a su deseador. Menos la noche en la que el guardián debe apagar las candelas y, con sumo respeto, dejar de reír.
El mismo
![]() |
| Foto de la red |
Tantas horas de doloroso parto borradas de golpe al tener al bebé al fin entre sus brazos. Siente que todo ha merecido la pena, incluso romper con el padre por no estar de acuerdo en traerlo al mundo, como cuando la convenció la otra vez. Después de aquello, fue casi feliz a su lado, pero nunca dejó de soñar con aquel que podría haber tenido los ojos verdes de su abuelo, la nariz respingona de su tía Manuela o, tal vez, los dedos largos y delgados como los de su madre.
Ahora, a solas en la habitación del hospital, lo observa embelesada dormir sobre su pecho y no piensa en nada más. Acerca el rostro a su cabecita e inspira hasta embriagarse. Podría pasar el resto de su vida en ese momento.
De pronto, al fin abre los ojos. ¡Sí! Son iguales que los del abuelo. Aunque el bebé la mira de una manera extraña que la incomoda, reconociéndola durante eternos segundos, hasta que rompe a llorar lo de toda una vida perdida de una sola vez.
(Publicado en ENTC)







